Y ahora... ¿qué?

El Jubileo extraordinario de la Misericordia ha concluido, y en muchos puede surgir esta pregunta: «Y ahora... ¿qué?»

Muy poco provecho habríamos sacado del Año Jubilar si hemos conocido una misericordia de Dios limitada a un tiempo y un espacio. ¡No, no! Lo hemos dicho una y otra vez a lo largo de todo este año: «Es eterna su misericordia». El Año Jubilar ha sido como un letrero luminoso en el camino de la Iglesia señalándonos dónde está la fuente de la Misericordia. La señal ha pasado, pero la fuente no se ha agotado.

Este manantial es el mismo Corazón de Jesús, abierto por la lanza en la Cruz, de donde brotan sin cesar la misericordia, la gracia, la alegría, el consuelo y la vida. Acercarse a él es alcanzar la única fuente capaz de saciar la más íntima sed del hombre.

¡Qué asombroso es ver, sin embargo, que ese Jesús -siempre dispuesto a saciarnos- en lo alto de la Cruz gritó «Tengo sed»! Este grito sigue resonando a lo largo de los siglos en un eterno eco que repite incansable la necesidad de Dios de amar y ser amado.

Para responder a esta petición de Dios creemos que sería una bendición el que lográramos encontrar un grupo de amigos íntimos del Corazón de Jesús que nos animáramos a acompañarle durante una hora al mes los primeros viernes.

¿Sería posible encontrar un número suficiente de personas que nos comprometiéramos a acompañar por turnos, durante una hora fija, al Corazón de Jesús, expuesto en la Eucaristía, durante 13 horas seguidas cada primer viernes? ¿Os imagináis la alegría que sería para el Señor encontrarse acompañado por sus amigos para reparar tanta soledad, tanta indiferencia y tantas ofensas como recibe?

Esta es la propuesta: a ver si entre los amigos de Jesús, encontramos suficientes personas para acompañar al Señor desde las 9 de la mañana a las 10 de la noche. Si te animas a comprometerte para una hora, si quieres hacerle este regalo al Corazón de Jesús, ponte en contacto con nosotras.

Que no sea un obstáculo pensar que quizá no estás seguro de poder asistir alguna vez. No hay problema: siempre se puede avisar y ya supliríamos con otra persona. Cada uno aportamos nuestro granito de arena pero, entre todos, será algo grande.

Te esperamos… Y lo que es más importante, ¡Jesús te espera!

 
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