Vuestra puerta

“La Puerta Santa que hemos abierto es de hecho una puerta de la Misericordia. Quien atraviesa ese umbral está llamado a sumergirse en el amor misericordioso del Padre, con plena confianza y sin miedo alguno”  (Papa Francisco) IMG-20151228-WA0001

Cuando supimos que se nos concedía el inmenso regalo de que se abriera una Puerta Santa en nuestro monasterio, la inspiración llegó rápida a nosotras: había que conseguir que aquella Puerta, la misma de siempre, hablase a todos los que se fijasen en ella del gran regalo que, cruzando su umbral, se puede conseguir.

¿Cómo hacerlo? La respuesta fue unánime: pintar un corazón que se abriese al ser traspasada la Puerta porque esto expresa, sencilla pero fielmente, la hermosa realidad que se encierra en este símbolo.

Cada vez que alguien atraviesa la Puerta puede ver cómo el Corazón de Jesús se abre para acogerle y recibirle en su intimidad. Una vez allí es tanto lo que se puede encontrar… Allí, en la Eucaristía, se puede escuchar el latido del Corazón de Cristo que quiere hablarnos de amor incondicional y eterno; allí está el abrazo del Padre Misericordioso que, como a hijos pródigos, nos espera siempre; allí está el Espíritu Santo deseando derramarse sobre nuestras heridas para ungirlas y sanarlas; allí está María, la Madre de Misericordia, para acercarnos a Jesús incluso cuando nosotros pensamos que no sabemos hacerlo.

La Puerta siempre está abierta porque, como dice el Papa, todos estamos llamados a sumergirnos en el amor misericordioso del Padre, con plena confianza y sin miedo alguno. Nosotras, desde nuestra vocación orante, peregrinamos con vosotros hacia el Corazón de Cristo y rezamos por todos los llamados a traspasar esta Puerta Santa.