Experiencia de una madre

«Francisccuadernillo 25 001o, vete, repara mi casa, que, como ves, se viene del todo al suelo» (2 Cel 10; LM 2,1)

         Desde la apertura de la Puerta de la Misericordia en el Monasterio del Sagrado Corazón, “en casa” se ha ido configurando  más si cabe la Iglesia. El Corazón de Jesús en el centro y la Virgen de la Misericordia invitándonos a entrar.

         Tuve el privilegio de asistir a  la apertura de la Puerta y ha sido importante para mí poder compartir el Jubileo de los jóvenes y también el de las madres, y espero que antes de que se clausure el año podré compartir algún día más, de esos en los que el Espíritu Santo se hace especialmente presente

         Es impresionante contemplar el misterio de como una puerta en una iglesia ha constituido Iglesia verdadera porque “donde hay dos o más reunidos en Mi nombre, allí estoy Yo en medido de ellos”.

         Este Monasterio ha sido desde hace mucho un lugar de acogida y descanso espiritual para muchos, empezando por los sacerdotes como centro de su carisma, y también para familias, jóvenes que iban y volvían de campamento y como no, las personas que viven en el pueblo de Cantalapiedra. Todos han estado presentes en estos jubileos, rezando juntos, con cosas muy sencillas, con testimonios desde el corazón, acompañándonos unos a otros y sostenidos por la oración y la alegría de las hermanas, por la solemnidad de su celebración de la Liturgia, tan cercana al mismo tiempo.

         El papa Francisco, en su mensaje para la Cuaresma de 2015 nos dijo: “Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios”.  Así nos han mostrado su corazón las hermanas en los testimonios que hemos compartido, especialmente impresionante para mí el día del jubileo con los jóvenes en el que compartimos como aquéllos que están empezando, que entregan la vida al servicio y acompañamiento de los ancianos aprenden cada día y como las hermanas mayores aceptan “que sean otros los que te ceñirán”. También fue precioso el día que la Virgen de la Misericordia emprendió su camino de vuelta a su Ermita, allí estábamos algunas madres físicamente y todas las madres presentes, incluso las que no lo saben o no lo quieren y también las que ya están en el cielo, pues se hicieron presentes a través de sus propias hijas y de la oración de la Iglesia

         “El mensaje de la Divina Misericordia constituye un programa de vida muy concreto y exigente, pues implica las obras”.

Con estas palabras del papa Francisco  en su mensaje  para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud 2016 pongo un punto y seguido como aprendizaje de lo vivido, porque esto no acaba aquí. 

         A final de año se clausurará la puerta de la Misericordia como tal, pero nos queda abierta para siempre la del Corazón de Jesús que justo encima de la puerta de la Iglesia nos tiende los brazos.