Breve crónica del Año Santo de …

   la Misericordia  en nuestro Monasterio.

Al disponernos a escribir algo sobre nuestra experiencia en este Año Jubilar de la Misericordia nos encontramos con el dilema de no saber cómo detallar todo lo que estamos viviendo sin arriesgarnos a convertir esta pequeña crónica en algo tan “eterno” como la misma Misericordia de Dios. Como no es esta nuestra intención tendremos que limitarnos a presentar tan solo un esbozo.

Para hacerlo bien podríamos parafrasear el Salmo 135 y mostrar un elenco de todas las actividades, y aun de cada momento de estas Jornadas de Misericordia, y responder de forma litánica con el salmo: «porque es eterna su misericordia… porque es eterna su misericordia».

El primer sentimiento que nos surge es, sin duda, la GRATITUD a Dios «porque es eterna su misericordia». Para nosotras ha sido un regalo inmenso tener la Puerta Santa en nuestra iglesia conventual. Cuando hace mucho soñábamos con ello y lo veíamos como algo casi imposible, deseábamos mostrar la puerta más santa de Dios: El Corazón traspasado del Señor que nos da paso a la entrañable misericordia de nuestro Dios. Y ahora desbordamos en acciones de gracias al Señor porque nuestros sueños se han cumplido y vemos el torrente de su gracia y misericordia desbordándose sore todos los que se acercan a nuestro Monasterio.

Inmensa gratitud también a todos los que colaboran con nosotras cada vez que preparamos alguna actividad. No es fácil enumerar los detalles de cercanía y apoyo que a lo largo de todo este tiempo estamos recibiendo de sacerdotes y fieles en cada Jornada que ponemos en marcha. Es imposible no entregarse, dejarse dominar por el egoísmo, cuando vemos tanta generosidad y disponibilidad a nuestro alrededor, y de forma tan desinteresada y gratuita.

Cada Jornada y cada acto programado en nuestro Monasterio pone en evidencia algo tan obvio como es nuestra pequeñez, nuestra indignidad. ¡Cuántos apuros y zozobras al preparar cada día! Humanamente hablando contamos con todas las de perder: nuestra ubicación en zona rural, nuestra vida contemplativa que limita nuestra capacidad de convocatoria, nuestra escasísima experiencia para estos encuentros… Pero a cada celebración han precedido y acompañado muchas oraciones, mucha entrega de las hermanas encomendando el fruto de estos días. Así nos atrevíamos a adentrarnos en esta aventura, no con nuestras fuerzas, sino «porque es eterna su misericordia ».

Otro sentimiento es la ADMIRACIÓN, ya que efectivamente cada rosario que preparamos, cada Jornada de Misericordia, nos hemos visto sorprendidas porque siempre han superado nuestras expectativas: el número de fieles, la participación en los diálogos, las confesiones sacramentales, siempre han ido en aumento. Y todo esto, evidentemente, no es por nuestros méritos, sino «porque es eterna su misericordia ».

Ahora bien, sabemos de sobra que el éxito no se mide en números cuando hablamos de sembrar la Buena Noticia de la misericordia de Dios, por esto nos sobrecogemos y nos rendimos en ADORACIÓN ante su obra en el corazón de cada persona que nos ha acompañado estos días. Hemos conocido, sí, conversiones más sonoras de personas hace muchos años alejadas; pero, ¿quién sino Dios puede contar los milagros que Él ha obrado en cada uno? Después de la fiesta de la Divina Misericordia nos escribían diciéndonos, no solo lo bueno que había sido el día anterior, sino las ganas de ser santos y amar al Señor también al día siguiente, conscientes de que era una labor de toda la vida.

Cuando en la celebración de las 24 Horas para el Señor el Santísmo expuesto en nuestra iglesia estuvo ininterrumpidamente acompañado por un gran número de fieles, ¿quién no reconoce en ello un milagro del Corazon de Jesús porque es bueno, «porque es eterna su misericordia »?

Cuanto más y más nos adentramos en la misericordia de Dios, tanto más surge en nosotras la CONMOCIÓN y la TERNURA al contemplar este Corazón que tanto ama a los hombres, este Pastor que deja su rebaño incansable vez cuando nos separamos del redil, este Padre bueno que abre una y otra vez cuando volvemos a sus brazos, este Padre que hace de sus brazos una Puerta Santa que nos adentra en su corazón compasivo y fiel.

Cuando el día 17 de abril terminábamos la proyección del vídeo sobre el cuadro de Rembrandt El regreso del hijo pródigo, toda la iglesia prorrumpió en un sonoro aplauso.

Y no era para menos, ya que el vídeo nos había introducido en las entrañas de la parábola, pero nos preguntamos si se aplaudía al grupo de Fe y Arte que preparó la proyección, o si dábamos rienda suelta a la emoción de tener un Padre que no se cansa de recibirnos porque es bueno, «porque es eterna su misericordia ».

Muchas más emociones e ideas nos vienen a la cabeza al recordar las Jornadas vividas. Podríamos hacer con ellas como una gran paleta cromática para ilustrar lo que está siendo este Año Santo, pero para eso escribiríamos muchas páginas y esto no quería ser más que un esbozo…

 

 

24h

«24 horas para el Señor»:
los fieles prolongaban su adoración dejando una lámpara a los pies del altar

fe y arte

Encuentro con el grupo Fe y Arte el 17 de abril